En la Opinión de Pride Michoacán
Morelia, Michoacán a 27 de junio de 2026.- El pasado 20 de junio, cerca de 65 mil personas salieron a las avenidas principales de Morelia. Las banderas arcoíris tomaron las calles y, por más extraño que parezca en una ciudad tan conservadora y religiosa, cada año es más común ver a familias con niñxs pequeñxs esperando ver pasar la marcha, saludando a las coloridas dragas como si de un desfile dominical se tratase.

Quizá ese no sea el objetivo político principal, pero sí es una forma de habitar el festejo y la fiesta. Pero, ¿dónde comenzó todo esto?
Tendríamos que remontarnos a 1969, cuando una mujer trans, negra, trabajadora sexual y activista, Marsha P. Johnson, inició los famosos disturbios de Stonewall para gritarle al mundo que la población LGBT+ existía y que merecía los mismos derechos que cualquier ser humano. Fue entonces que el arcoíris brotó en el mundo, aunque a Marsha le costara la vida, pues tiempo después fue hallada muerta en lo que la comunidad siempre denunció como un crimen de odio que, como de costumbre, quedó impune.


En Michoacán ocurrió algo similar. Cuentan las leyendas —esas que todavía puedes encontrar en pie de lucha y ejerciendo el trabajo sexual en el Centro Histórico de Morelia— que hace aproximadamente 40 años un grupo de 13 valientes mujeres trans comenzaron a exigir esos derechos que por siglos nos fueron negados. Ellas fueron las pioneras en la lucha por la diversidad sexual, iniciadoras de nuestro movimiento y precursoras de las exigencias que abrieron camino al matrimonio igualitario, las acciones afirmativas y, por supuesto, la Ley de Identidad de Género en el estado.
Es por esto que este año el lema del Pride Morelia fue “DESDE LA MEMORIA TRANSFORMAMOS, EXISTIMOS Y RESISTIMOS…”, un homenaje a todas aquellas que nos antecedieron y gracias a las cuales hoy podemos salir a celebrar la alegría de estar vivos.


Si bien es cierto que aún falta mucho por lo cual luchar —como el acceso a un servicio de salud digno, un alto a la discriminación y la violencia, mayor participación en espacios políticos y el rescate de todas las iniciativas de ley que se han quedado en la congeladora—, nuestra forma de protesta (o de sutil venganza, como diría la icónica activista travesti Carlos Jáuregui) es, simple y llanamente, ser felices.
Porque la alegría, en un mundo que históricamente nos ha preferido ausentes, invisibles o en el silencio, no es un descuido: es un acto profundamente revolucionario. Por eso tomamos las calles cada año. Marchamos para honrar el pavimento que las trece valientes de Morelia y Marsha P. Johnson abrieron a golpes de dignidad, asegurándonos de que sus nombres y sus batallas no se desvanezcan en el olvido institucional. Pero también marchamos por el futuro.
Esas infancias que hoy nos miran con curiosidad y nos saludan desde la banqueta merecen crecer en una realidad distinta. Merecen saber que el arcoíris que ven pasar no es solo un desfile de un día, sino una promesa de libertad; que existimos para que su derecho a ser, amar y reconocerse nunca más sea un peligro, sino un motivo de fiesta colectiva.


Sí, como lo señalan muchos colectivos que están en contra de nuestra marcha, la deuda histórica de Michoacán con la diversidad sigue vigente en los escritorios del Congreso y el Estado y en las salas de espera de los hospitales, pero la respuesta de nuestra comunidad es contundente. Creemos firmemente, que protesta sin propuesta no es suficiente. Por ello, no daremos un solo paso atrás. Desde el recuerdo de las que ya no están, abrazando a las que hoy sostienen el estandarte y abriendo camino para quienes vienen detrás, seguiremos transformando el prejuicio en orgullo. Aquí estamos: existimos, resistimos y, por encima de todo, nos atrevemos a ser felices.
ITZEL BERNABÉ DÍAZ.
Integrante del Comité Directivo de Pride Michoacán Socióloga de profesión. Feminista convencida de que el movimiento debe ser interseccional. Defensora de los derechos del movimiento LGBT+. Creadora, como servidora pública, creadora de la guía “Tránsmites para el cambio de identidad”. Acompañante de más de 200 personas trans durante sus procesos de transición en Michoacán.
