Benjamín Álvarez | ClsComunica
Morelia, Michoacán a 21 de agosto de 2026.- Estudios académicos muestran que el verdadero resultado de las reforestaciones se conoce años después, y aclaran que, en México, evaluaciones ambientales han encontrado que entre 30 y 50 por ciento de los árboles plantados sobreviven después de uno o dos años, mientras que en zonas urbanas la permanencia puede caer por debajo del 30 por ciento después de la primera temporada seca.
Los estudios revelan que la cifra significa que una campaña que anuncia miles de ejemplares plantados puede perder una parte importante de sus árboles antes de que alcancen el tamaño necesario para generar sombra, reducir temperaturas, capturar contaminantes o ayudar a la infiltración de agua.
El dato ha cobrado relevancia en Morelia luego de las protestas por la tala de 613 árboles en Tres Puentes para la construcción del Morebús, mientras el gobierno estatal anunció la plantación de 20 mil nuevos ejemplares como medida de compensación.
Sin embargo, especialistas advierten que el número de árboles sembrados no es un indicador suficiente para medir una reforestación exitosa, debido a que la supervivencia depende de factores como la disponibilidad de agua, las condiciones del suelo, la especie utilizada y el mantenimiento posterior.
Investigaciones de Carlos Vázquez Yanes y Alma Orozco Segovia, del Instituto de Ecología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), sobre regeneración vegetal y establecimiento de especies leñosas, identificaron que las primeras etapas después de la plantación representan el periodo de mayor riesgo para las plantas jóvenes.
Los investigadores señalan que factores como el estrés hídrico, la falta de adaptación al sitio y las condiciones limitadas para el desarrollo de las raíces pueden provocar la pérdida temprana de ejemplares.
En México, las evaluaciones realizadas por la Comisión Nacional Forestal (Conafor) y la Universidad Autónoma Chapingo mediante seguimientos al Programa Nacional de Reforestación (PRONARE) y ProÁrbol han reportado que la supervivencia promedio de los árboles plantados después de uno o dos años se ubica entre 30 y 50 por ciento.
Esto implica que, en algunos casos, hasta siete de cada 10 árboles colocados durante una campaña de reforestación no logran establecerse y mueren antes de consolidarse.
La situación es más compleja en las ciudades. Estudios sobre arbolado urbano han documentado que los árboles enfrentan condiciones más adversas por la presencia de pavimento, temperaturas elevadas, falta de humedad y espacios reducidos para sus raíces.
Investigaciones de Alicia Chacalo Hilú, Alejandro Aldama Ojeda y Jaime Grabinsky Steider, de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), sobre el arbolado urbano de la Zona Metropolitana del Valle de México, han señalado que la falta de planeación, la selección incorrecta de especies y las condiciones del entorno afectan el desarrollo de los árboles en las ciudades.
Los trabajos de Daniel Rivas Torres, de la Universidad Autónoma Chapingo, sobre manejo del arbolado urbano, también advierten que una reforestación requiere elegir especies adecuadas y considerar desde el inicio el espacio disponible para raíces y copas.
La evidencia científica establece que después de plantar un árbol comienza la etapa más importante. Los ejemplares jóvenes requieren riego constante, protección contra daños, vigilancia sanitaria y condiciones adecuadas del suelo durante los primeros años.
Sin estos elementos, los árboles pueden morir antes de alcanzar la edad en que generan los beneficios ambientales que justifican una reforestación.
En Morelia, la tesis de licenciatura “Calidad de sitio en espacios verdes urbanos de la ciudad de Morelia, Michoacán”, elaborada por Diana Sarai Santillán Gaona en la UNAM en 2024, muestra las condiciones que enfrenta actualmente el arbolado de la ciudad.
El estudio documentó que Morelia cuenta con 797 mil 773 habitantes y una superficie urbana de 97.13 kilómetros cuadrados, pero sus áreas verdes representan únicamente 5 por ciento de la superficie total de la ciudad.
La investigación señala que la capital michoacana tiene aproximadamente 10 metros cuadrados de áreas verdes por habitante, una cifra inferior a los 25 metros cuadrados por persona recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Para realizar el diagnóstico, Santillán Gaona analizó 92 puntos de muestreo, donde registró 773 árboles de 50 especies diferentes.
Los resultados muestran que gran parte del arbolado urbano está compuesto por especies introducidas y aclara que en los camellones, 57 por ciento de los árboles pertenece a tres especies exóticas: jacaranda, casuarina y eucalipto.
En las zonas del Río Chiquito, donde existen árboles con mayor tamaño de copa, 66 por ciento de los ejemplares dominantes corresponde a especies introducidas, principalmente ficus y ciprés italiano, junto con el fresno nativo.
En jardines institucionales y parques urbanos fueron identificadas hasta 25 especies, aunque 64 por ciento de los individuos corresponde a especies como casuarina y trueno, también introducidas.
La tesis advierte que durante años las reforestaciones urbanas han privilegiado especies de rápido crecimiento o valor ornamental, sin considerar siempre su adaptación al ecosistema local.
Otro factor que afecta la supervivencia es la calidad del suelo. El estudio encontró que los camellones y zonas cercanas a vialidades presentan suelos compactados con valores de entre 1.06 y 1.09 gramos por centímetro cúbico.
En esos espacios, los árboles tienen apenas 16.05 centímetros de espacio para desarrollar sus raíces y una humedad del suelo de 9.12 por ciento, condiciones que dificultan su crecimiento durante temporadas de calor y sequía.
En contraste, parques y jardines presentan mejores condiciones, con humedades de 26.86 y 33.14 por ciento, respectivamente.
La investigación también encontró afectaciones sanitarias como muérdago y heno motita. En los diferentes espacios verdes analizados se registraron entre 3.13 y 3.35 árboles afectados por cada punto de estudio.
Ante la pérdida de árboles por obras urbanas, los estudios académicos coinciden en que la compensación ambiental no puede medirse únicamente por la cantidad de árboles anunciados para plantar.
En el caso de Morelia, la reposición de 20 mil árboles tras la tala de 613 ejemplares en Tres Puentes y hasta La Concepción tendrá como principal desafío lograr que sobrevivan y recuperen parte de los servicios ambientales que proporcionaban los árboles retirados.
La evidencia científica concluye que una reforestación no se evalúa el día de la plantación, sino años después, cuando es posible comprobar cuántos árboles siguen vivos y qué beneficios ambientales realmente aportan a la ciudad.
