Benjamín Álvarez | ClsComunica
Morelia, Michoacán a 16 de julio de 2026- La vida de Francisco Javier Zepeda estuvo marcada por contrastes: Fue un hombre que conoció los reflectores sin buscar protagonismo, que estuvo cerca de personajes históricos sin perder la mirada del periodista, que construyó imágenes para otros mientras libraba sus propias batallas lejos de las cámaras.
Para quienes compartimos con él los pasillos de la televisión, Pancho fue un productor exigente, creativo y apasionado.

Para su hija Yhusy fue también el hombre que encontró un rumbo cuando nació ella, el padre que la acercó al mundo de los toros y la cultura, pero también aquel que enfrentó durante años una batalla personal que terminó desgastando su salud.
La memoria de Yhusy reconstruye a un Francisco Javier Zepeda lleno de contradicciones: el joven que no sabía qué hacer con su vida y terminó dedicándola a contar historias, el profesional que llegó a las posiciones más importantes de la televisión michoacana y el hombre que, incluso cuando su cuerpo comenzó a fallar, se negó a abandonar su trabajo.

La noticia que cambió el rumbo de un joven sin destino
Antes de que su nombre estuviera ligado a la producción televisiva, Francisco Javier Zepeda era un joven que todavía buscaba definir qué quería hacer con su vida.
La llegada de su hija Yhusy ocurrió cuando apenas tenía 17 años y representó un momento decisivo para comenzar una transformación personal que lo llevaría hacia el mundo de la comunicación.
Su hija recuerda que su padre no veía la paternidad como una carga, sino como una oportunidad para cambiar y encontrar un propósito.
“Yo considero que la carrera lo rescató porque realmente él, yo creo que hasta sus 17 años no sabía ni qué quería hacer de su vida”, relata.
En aquellos años, Pancho disfrutaba principalmente del deporte y de una vida más despreocupada, una etapa que años después recordaba con humor al hablar de sí mismo antes de convertirse en padre.

“Decía que era un vago profesional, no tenía oficio ni beneficio más que andar de conquistador con las muchachas y haciendo deporte, le gustaba mucho el básquetbol”, cuenta Yushy.
Pero la llegada de esa nueva responsabilidad cambió sus prioridades, en lugar de detenerse ante la incertidumbre, buscó la manera de construir un futuro.
Fue entonces cuando recurrió a su padre, el periodista Francisco Zepeda, quien lo acercó a los medios de comunicación y le permitió iniciar una trayectoria que terminaría marcando toda su vida.
“Para él no fue como una impresión de preocupación y tensión o de este exceso de responsabilidad que se le venía, sino más bien fue como un motor, un gran impulso el hecho de convertirse en papá”, explica.
Los primeros pasos detrás de una cámara

El camino de Francisco Javier Zepeda dentro de los medios no comenzó desde un puesto de privilegio.
Aprendió el oficio desde las bases, conociendo cada parte del proceso técnico y entendiendo que una producción no dependía solamente de aparecer frente a una cámara, sino de dominar todo lo que ocurría detrás de ella.
Ingresó al Sistema Michoacano de Radio y Televisión, donde comenzó una etapa de aprendizaje que sería fundamental para su desarrollo profesional.
“Mi papá empezó desde de jalacables, asistente de camarógrafo, camarógrafo, o sea, él fue escalando, haciéndose carrera”, recuerda su hija.
Ese crecimiento fue resultado de una combinación entre necesidad, disciplina y una enorme capacidad para aprender.
Pancho no solamente buscaba cumplir con su trabajo, sino entenderlo completamente, y con los años logró convertirse en productor y asumir responsabilidades cada vez mayores dentro de la televisión michoacana.

Después de su paso por el sistema estatal decidió crear una productora independiente, una apuesta que representaba el deseo de construir algo propio y demostrar todo lo que había aprendido.
El momento que cambió su carrera llegó cuando ganó un concurso que le permitió obtener la corresponsalía de Televisa.
A partir de ahí comenzó una nueva etapa profesional que lo llevó a convertirse en gerente de producción y postproducción de Canal 13.
Para Yhusy, ese crecimiento fue consecuencia de una característica que acompañó a su padre durante toda su vida: Nunca dejar de prepararse.
“Siempre fue muy pendiente de estar mejorando, se estuvo él inscribiendo cuanto curso podía”, señala.
El creador que buscaba una imagen perfecta
La televisión para Pancho no era solamente un trabajo, era un espacio donde podía crear, experimentar y buscar una mejor manera de contar una historia.
Yhusy recuerda que su padre podía pasar largas jornadas concentrado en sus equipos, aislándose del entorno para dedicarse completamente a sus producciones.
“Siempre estaba muy dedicado. Yo lo recuerdo todo el tiempo con su computadora, su equipo. Le gustaba mucho como aislarse un poquito para dedicarse y pasaba horas y horas haciendo lo que tanto él más amaba”, relata.
Su capacidad técnica fue una de las características que más sorprendía a quienes trabajaban con él.
Para su hija, una parte de ese talento parecía surgir de una facilidad natural para entender la producción audiovisual y encontrar soluciones rápidamente.
“Creo que también el hecho de que haya nacido con este talento, porque él dice mucho que le sorprendía a él mismo cómo podía ir mejorando”, comenta.
Esa habilidad le permitía realizar procesos en tiempos que para otros profesionales podían ser mucho más largos.
“Lo que a lo mejor a muchos les costaba muchas horas o días en realizar una edición y todo esto, él la podía hacer en lapsos muy cortos”, añade.
Pero detrás de esa facilidad había también años de preparación y una obsesión por mejorar constantemente.
Pancho aprovechó cada oportunidad para capacitarse y ampliar sus conocimientos e incluso llegó a trabajar como asesor de imagen de un gobernador, experiencia que también formó parte de su aprendizaje dentro de la comunicación.
Una cámara frente al Papa, Colosio y otros personajes
La profesión le permitió vivir momentos que quedaron grabados en su memoria; durante años cubrió eventos donde estuvo cerca de personajes que marcaron una época en distintos ámbitos.
Artistas, políticos, figuras públicas y personajes vinculados con temas poco comunes formaron parte de las historias que encontró durante su trayectoria.
Yhusy recuerda especialmente una ocasión donde su padre tuvo la oportunidad de estar cerca del papa Juan Pablo II.
“Me comentó que estaba como a menos de dos metros de distancia que le tocó estar del Papa Juan Pablo II”, recuerda.

Para cualquier persona aquella cercanía habría significado una oportunidad para intentar acercarse, pero Pancho mantuvo la distancia y asumió su papel como periodista.
También estuvo cerca de figuras políticas como Luis Donaldo Colosio y de personajes del mundo artístico que formaron parte de las coberturas que realizó.
Sin embargo, Yhusy explica que detrás de esos momentos especiales también existía una profesión con riesgos.
El precio de contar historias incómodas
La vida periodística de Francisco Javier Zepeda también estuvo relacionada con momentos difíciles.
No todas sus coberturas estuvieron rodeadas de celebraciones o encuentros importantes, ya que algunas implicaron riesgos, presiones y situaciones que decidió reservar para proteger a su familia.
“Mi papá se reservaba muchas cosas, yo creo que también por protección a nosotros”, explica Yhusy.
Entre los pocos episodios que llegó a compartir estaba un momento donde aseguró haber sido investigado y donde incluso un presidente municipal habría intentado encarcelarlo.
“Lo único que me llegó a decir es que hubo un momento donde sí estuvo investigado y que por ahí un presidente hasta intentó meterlo a la cárcel”, relata.
Aquellas experiencias también influyeron en la manera en que veía la profesión, pues, aunque amaba el periodismo y la producción, sabía que detrás de ese oficio existían riesgos que podían afectar la vida personal.
Por eso, según recuerda su hija, siempre evitó que sus hijos siguieran el mismo camino.
La batalla que no apareció frente a las cámaras
La vida de Francisco Javier Zepeda no estuvo marcada solamente por sus logros profesionales, también enfrentó una etapa compleja relacionada con las adicciones, un proceso que su familia vivió de cerca y que estuvo relacionado, según Yushy, con la presión y exigencia del trabajo.
“Fue cuando mi papá justo empezó con su tema de adicciones, por lo mismo del estrés, la presión del trabajo”, señala.
Durante años su familia intentó ayudarlo para que pudiera recuperarse, pero la demanda profesional y la importancia que tenía dentro del medio hicieron difícil que pudiera detener completamente sus actividades.
Con el paso del tiempo su salud se deterioró hasta enfrentar una enfermedad renal en fase terminal.
Pero incluso en esa etapa mantuvo una característica que lo acompañó desde sus primeros años: la entrega absoluta a su trabajo.
“Nunca dejó de trabajar nunca, se conectaba a las máquinas, iba a hemodializar e incluso se llevaba el teléfono y le daban chance de que estuviera ahí haciendo su trabajo”, recuerda.
Su cuerpo comenzó a detenerse, pero su mente continuaba trabajando; hasta el final siguió pensando en proyectos, producciones e historias pendientes.
El ruedo donde fue padre antes que periodista
Fuera de la televisión existía otro Francisco Javier Zepeda, uno relacionado con los toros, una pasión que nació antes de consolidarse como periodista y que terminó compartiendo con su hija.
Pancho quiso ser matador y entrenó, toreó vaquillas y llegó a convertirse en novillero, pero una experiencia en el ruedo cambió su decisión.
Yhusy recuerda que su padre le contaba una cornada que recibió en Moroleón, donde terminó en la enfermería después de ser embestido por un toro.
“Dice que no volvió a salir de ahí, o sea que ahí dijo, no, yo prefiero ver los toros desde la barrera”, cuenta.
A pesar de abandonar la idea de convertirse en torero profesional, la fiesta brava permaneció como una parte importante de su vida.
Su hija también siguió ese camino durante una etapa y llegó a vestirse de luces y uno de los recuerdos más importantes ocurrió cuando un toro la embistió en la Plaza de Toros de La Barca, Jalisco y Pancho reaccionó como padre antes que como cualquier otra cosa.
“Mi papá es el primero que se lanza al ruedo para hacer el quite y que me quitaran al toro”, recuerda.
Ese momento resume la otra historia de Francisco Javier Zepeda, la que no quedó grabada en una producción televisiva, sino en la memoria de su hija, la de un hombre que dedicó su vida a mirar el mundo a través de una cámara, pero que al final dejó sus imágenes más importantes en quienes caminaron a su lado.
