julio 25, 2026
Portada cuando termina junio, el orgullo continúa
El cierre del Mes del Orgullo no pone fin a las demandas de las personas de la diversidad sexual. La lucha contra la discriminación, la violencia y la exclusión institucional permanece vigente los 365 días del año.

Colaboración de Pride Michoacán

a través de Norma Elisa Valencia Farías.

Vivimos una época peculiar, donde el sistema que constantemente nos oprime por ser quienes somos o por amar a quien amamos, nos ha incluido en las líneas de lo políticamente correcto.

Este sistema que nos oprime y nos violenta nos celebra, con banderas y arcoíris, nos incluye como accesorios en las festividades, pero nos silencia cuando advertimos cualquier tipo de inequidad.

Este sistema que se adapta a los tiempos modernos nos quiere festivxs, estereotipadxs y vistosxs, por que justifica nuestra inclusión en el discurso con el argumento de que somos casi personas casi como cualquier otra.

Este sistema que nos obligó a etiquetarnos para visibilizarnos y gritarle a la sociedad que existimos, que nuestros cuerpos diversos y disidentes de la normativa del género existen, que nuestros afectos anárquicos de la estructura del amor romántico, abnegado y victimario existen.

Cuando escuchamos hablar de fobias, imaginamos personas aterradas, paralizadas por el miedo, presas de la ansiedad y la angustia de aquello que les resulta tan terrorífico. Pero cuando hablamos de LGBTfobia somos nosotras, nosotres, nosotros quienes vivimos ese miedo.

Para una persona como nosotras, de esas de las que se nos nota, de esas de las somos muy masculinas para ser mujeres o muy femeninos para ser hombres, las miradas y los susurros burlones es lo más llevadero de nuestro día.

Tomar de la mano a nuestras parejas mientras constantemente miramos por encima del hombro por si nuestros afectos ofenden o incomodan, es una actividad frecuente.

Entramos con miedo a los baños, por si a alguien no le parece que nuestro aspecto sea acorde al “genero del baño”.

Construimos familias con quienes elegimos porque es frecuente que nuestro existir sea repudiado en nuestros hogares, en nuestras familias, en nuestras escuelas y en nuestros trabajos.

Pero la discriminación más fuerte, más grave, más violenta es la del sistema; de un sistema que hace oídos sordos a nuestros reclamos de ser vistas, de ser apoyadas, de ser nombradas, de ser respetadas, de ser incluidas.

La impotencia que sentimos las personas que habitamos la sexodisidencia, se acrecienta cuando quien proclama los discursos de odio o quien ejerce la violencia y la discriminación son funcionarios públicos o instituciones gubernamentales, pues así nuestros impuestos pagan a nuestros propios victimarios.

La discriminación, la violencia y la LGBTfobia han permeado en esta sociedad al amparo de la impunidad de sus perpetradores y la complicidad del sistema, de las instituciones, de las personas en los espacios de poder.

Los discursos de odio enfocados a las poblaciones sexodisidentes acrecientan la polarización de las ideas colectivas y nos sitúa nuevamente en una opresión violenta que nos arrebata la dignidad y nuestros derechos, algunas usando tribunas como la cámara de diputados o las ruedas de prensa partidistas.

Nuestras victorias y conquistas constantemente se deben a la presión social que esta sociedad civil ejerce y a la voluntad política, así como la deconstrucción de algunas personas en los espacios de poder.

Peleamos con nuestra propia discriminación interiorizada, pues son años de bombardeo de lo que debemos ser, peleamos por nuestro derecho a la participación política, peleamos por las infancias y su derecho a existir en este mundo como ellas, elles y ellos lo desean, peleamos por nuestro derecho a ser nombradas, nombrades y nombrados, ante la mirada inquisidora de la mal llamada inclusión forzada, peleamos nuestro derecho a no tener nada que curar en los actos aberrantes de las terapias de conversión donde sometidas a actos de tortura pretenden cambiarnos, corregirnos dicen ellos.

Ya que termino Junio y la “obligación de celebrarnos” retomemos la lucha, conmemoremos a las personas que han muerto presas de la ignorancia, del odio y de los prejuicios, pero también celebramos sus vidas, sus luchas, sus victorias, sus conquistas; porque donde una persona sexodisidente es nombrada desde la dignidad y el respeto, somos nombradas todas; donde una persona de la diversidad sexual puede ejercer sus derechos en libertad y autonomía lo hacemos todas y al espacio público, visible o de poder donde una persona LGBTTTIAQ+ llega, llegamos todas.

Por que el orgullo no solo son las lentejuelas y la fiesta, el orgullo es mantenernos vivas peleando por nuestros derechos el resto del año.


Norma Elisa Valencia Farías. Secretaría General de Pride Michoacán, Integrante de la Comisión dictaminadora del Laboratorio Nacional de Buenas Prácticas LGBTeras en política pública y desarrollo legislativo de la Alianza Nacional de Marchas LGBT+ México.

Es psicóloga, servidora pública, especialista en políticas públicas para personas LGBT+ y activista por los derechos humanos. Su trabajo busca transformar las demandas sociales en acciones institucionales, convencida de que la igualdad se construye con evidencia, participación ciudadana y políticas públicas que generen cambios duraderos.

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