Omaida Melissa García | ClsComunica
El Lago de Zirahuén enfrenta una crisis ambiental marcada por la sobreexplotación del agua, contaminación y presión territorial, denunciaron comunidades originarias agrupadas en el Consejo Supremo Indígena de Michoacán.

De acuerdo con el pronunciamiento, diariamente se extraen hasta 50 pipas de agua para su venta ilegal, mientras proliferan cultivos intensivos de aguacate y berries que consumen grandes volúmenes del recurso y emplean agroquímicos que terminan en el lago.
A esto se suman descargas de aguas residuales sin tratamiento provenientes del municipio de Salvador Escalante, tala de bosques, perforación irregular de pozos y la ocupación de tierras comunales por particulares, empresarios y actores externos.



Las comunidades también denuncian procesos de privatización de zonas federales y gentrificación, lo que —afirman— acelera el deterioro ambiental y el desplazamiento territorial.
El CSIM responsabiliza al Estado mexicano por omisión. Señala que, desde hace más de un año, han solicitado la instalación de una mesa interinstitucional para atender la crisis, sin respuesta efectiva de autoridades federales ni estatales, incluida la Comisión Nacional del Agua.
Ante la falta de atención, las comunidades advirtieron que podrían iniciar movilizaciones pacíficas, incluida la toma de carreteras en Michoacán.
El caso de Zirahuén expone un patrón recurrente: territorios indígenas con alta riqueza natural, pero sin mecanismos efectivos de protección frente a intereses económicos y omisiones gubernamentales.
¿Cuánto tiempo puede sostenerse un ecosistema sin intervención real antes de que el daño sea irreversible?
