Colaboración
Araceli Gutiérrez Cortés
Hace un par de días, en una entrevista con CNN le preguntaron a Donald Trump si el Derecho Internacional podría representar algún límite a su intervención en Venezuela, y precisó que no necesita al Derecho Internacional, que no está haciendo nada malo y que lo único que lo puede detener es su moralidad y su mente.
La extracción de Nicolás Maduro, de su país, de su casa, es probablemente uno de los hechos más sorprendentes de los últimos tiempos, no solo por que Estados Unidos ha dado una muestra de su fuerza y nivel de inteligencia, al construir una réplica exacta del mismísimo lugar donde se refugiaba Maduro, y lograr su captura de una forma tan precisa y exitosa, en sólo cuarenta minutos, en el corazón de Venezuela, en la casa del presidente; sino también, porque Trump hizo lo que hizo, simplemente porque lo podía hacer.
Es muy claro que la diplomacia nunca ha sido el camino para quitar a un dictador, pero también es claro, que la captura de Maduro no tiene nada que ver con eso. Lo ultimo que a Trump le preocupa es el bienestar de las personas venezolanas, a él no le interesa si Maduro era un bravucón o no, o si tenía un pueblo reprimido y hambriento, o si Venezuela es una dictadura o una democracia.
Lo que Trump necesita por ahora es romper las relaciones internacionales de Venezuela y evitar el envío de petróleo y minerales fundamentalmente a China, incluso más que a Rusia. A manera de colonización, muy grotesca por cierto, ha tomado control del petróleo y del destino del recurso que derive del mismo. La transición democrática no es un tema para él, tan es así que en días pasados Trump afirmó que su control sobre Venezuela podría durar años, no obstante que Delcy Rodríguez solo puede estar en la presidencia provisional por noventa días y en su caso, extender su mandato otro noventa.
Lo cierto es que, como efecto colateral, Donald Trump le hizo un pequeño favor a los venezolanos, les quitó de encima al dictador abusivo, pero no para darles libertad, ni por las razones que ellos hubieren querido, sino para ahora ser él, el nuevo controlador.
Otro pequeño gesto que ha tenido con los venezolanos es comenzar a liberar a algunos de sus presos políticos. Se habla de más 800 personas privadas su libertad por ser opositoras del régimen chavista. Hasta el momento se han excarcelado cuarenta y uno. Este detalle, aunque no es importante para Trump, busca ser un gesto para legitimarse.
Hasta ahora, el cambio de verdugo para los venezolanos es esperanzador, por lo menos ahora pueden sentir la incertidumbre de que su país y su situación personal podría ser mejor, aunque nada esta dicho y todo puede pasar, pues el régimen chavista sigue instalado (aunque cada vez más fragmentado), después de 26 años, la gente de Venezuela reactiva sus sueños de libertad.
Un gran poder requiere de una gran responsabilidad. Donald Trump ha preocupado al mundo y al Derecho Internacional, por ese desmesurado uso de la fuerza, por simples y banales intereses económicos. Peor aún, muy envalentonado, ya le puso el ojo a Colombia y Groenlandia a quien ya dijo, lo necesita por razones de seguridad y recursos estratégicos, y también dijo, que lo hará por las buenas o por las malas.
Mas preocupantes resultan sus declaraciones en torno a México, al referir que es gobernado por el narco y que claro que lo tiene en la mente. Donald Trump se está asumiendo guardián o policía del mundo, eso resulta muy peligroso para nuestro país. Vamos a ver para que le alcanzan los años que aun le quedan.

«Araceli Gutiérrez Cortés.
Académica y especialista en Derecho Electoral.
Fue consejera y presidenta del Instituto Electoral de Michoacán
