marzo 31, 2026
Crónica de un foro anunciado
Un foro sobre derechos humanos y diversidad sexual dejó más dudas que certezas: entre discursos correctos y presencia institucional, las voces activistas evidenciaron la distancia entre la agenda pública y la realidad que enfrentan las personas LGBTIAQ+.

Sara Martínez Ayala / ClsComunica

En una mañana que pretendía vestirse de compromiso institucional —y que por momentos apenas alcanzó el disfraz— se llevó a cabo el Foro de Educación en Derechos Humanos y personas LGBTIAQ+, convocado en el marco del Día de la Visibilidad Trans. Bajo el cobijo diplomático de la embajada de Francia, el IEM, el TEEM y la colectiva Responde Diversidad organizaron un espacio que, en teoría, buscaba algo más que cumplir con el calendario de lo políticamente correcto.

El objetivo era claro y, sobre el papel, incuestionable: intercambiar experiencias, pedagogías y lecciones aprendidas entre instituciones públicas y organizaciones de la sociedad civil para fortalecer la participación y el ejercicio de derechos de las personas de la diversidad sexual. En la práctica, el foro se convirtió en una especie de vitrina donde el entusiasmo institucional que solo nos busca cuando hay necesidad de hacer como que se está haciendo algo.

Debo reconocer que la convocatoria fue amplia y que ello no ha sido sino por el trabajo de años de esta A.C. Representantes de instituciones y partidos políticos ocuparon sus lugares, algunos con disciplina casi ejemplar, atendiendo las mesas de diálogo como si se tratara de un examen público. Otros, menos preocupados por la apariencia, optaron por el ritual paralelo: salir por café, estirar las piernas y comentar, entre pasillos, algo más interesante que lo que se discutía en la plenaria. Lo cínico de esto, es que las personas que hicieron esto son las representantes de los derechos humanos de su partido de IZQUIERDA.

Para dibujar mejor el momento que trato de expresar, les comento que hasta el representante del llamado “nuevo PAN”, contra todo pronóstico o costumbre, permaneció en su asiento durante toda la sesión. Un gesto mínimo que, en el contexto general, terminó destacando más de lo que debería.

En cuanto al contenido, el foro transitó por rutas conocidas: acciones afirmativas, estadísticas, corrupción, violencia política y las ya habituales “lecciones aprendidas”. Discursos bien estructurados, conceptos correctos y una constante implícita: la necesidad urgente de sensibilización y formación integral en derechos humanos por parte de quienes ocupan cargos públicos. Porque sí, aunque suene reiterativo, lo es también la realidad que lo exige.

Y, sin embargo, entre participación y participación, me queda una pregunta incómoda: ¿hasta qué punto estos espacios logran lo que prometen? Porque más allá del intercambio, lo que percibo —por parte de las instituciones— es una competencia silenciosa por demostrar quién sabe más, quién ha estudiado más, quién merece más el lugar que ocupa. Con decirles que, hubo quien en sus CVS mencionaron sus premios de excelencia académica.

Paradójicamente, y congruentemente, el mayor valor del foro no me pareció venir de las instituciones, sino de las voces activistas, de quienes viven en carne propia las violencias que ahí se enumeran con cifras y tecnicismos. Son ellas quienes les dan sentido a estos espacios, aunque muchas veces queden atrapadas en dinámicas que diluyen la urgencia en formalidades.

Estos encuentros, insisto, sirven para informar a quienes toman decisiones. Y tal vez lo hacen. Pero también evidencian una realidad menos cómoda: que la concientización, sensibilización y formación siguen siendo una tarea pendiente y URGENTE para muchos servidores públicos que, aun presentes, parecen no terminar de habitar el tema.

Al final, el sabor de boca es ambiguo. Les reconozco —porque sería mezquino no hacerlo— que hay quienes creen genuinamente que falta mucho por hacer. Pero también me queda la impresión de que, en ese reconocimiento, encuentran un consuelo suficiente: el de haber hecho, al menos, algo. Aunque ese “algo” se parezca demasiado a lo de siempre.

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